Jan Floris, azulejero real. Parte I: Amberes, Plasencia y Valladolid
Fue en la península ibérica donde, durante la época de dominio islámico, se desarrolló una baldosa revestida con una capa de esmalte de estaño. Este esmalte cumplía una doble función: impermeabilizar la pieza y proporcionar una superficie adecuada para recibir la decoración. A esta baldosa se le llamó azulejo. Con el paso de los siglos, esta técnica viajó desde la península hasta Italia, vía Mallorca, de ahí su nombre de mayólica, llegando a Amberes en el siglo XVI para regresar de nuevo a la península ibérica.
En este artículo seguiremos los pasos del ceramista flamenco Jan Floris (c.1520-1567) desde su llegada a España a mediados del siglo XVI. Para reconstruir su trayectoria hemos reunido los trabajos de investigación más recientes, en los que distintos autores plantean algunas hipótesis sobre su obra. Aunque esas dudas forman parte de la investigación histórica, hemos optado por ofrecer un relato continuo, evitando interrumpir la lectura con aclaraciones constantes sobre cada cuestión todavía abierta.
Durante el primer tercio del siglo XX, los ceramistas del revival anunciaron en su publicidad que realizaban réplicas exactas de piezas antiguas de estilo Renacimiento. Nos acercaremos al origen de aquellas obras, nacidas de las manos de Jan Floris, y a una técnica que ha perdurado hasta nuestros días.
Para comprender cuándo llegó a España la técnica del azulejo plano pintado, debemos trasladarnos a la época de los Reyes Católicos y a la Sevilla del Descubrimiento.
Niculoso Francisco, conocido como Pisano (1450-1529), fue quien introdujo en España la
cerámica pintada renacentista, a la manera de su ciudad natal, Pisa. Establecido
en Sevilla desde 1500, realizó numerosas obras. Al fallecer, su técnica desapareció
durante tres décadas.
Entre sus trabajos conservados destacan algunos importantes encargos. En 1504 realizó para los Reyes Católicos una obra en el Real Alcázar de Sevilla —el retablo de la Visitación para el oratorio de la reina Isabel la Católica—. Años después, en 1518, ejecutó otro retablo para el monasterio de Nuestra Señora de Tentudía, en Segura de León (Badajoz). Su última obra conocida data de 1526 y se encuentra en la Capilla de San Zoilo, en Flores de Ávila.
La técnica surgió de nuevo en Amberes de la mano del italiano Guido di Sabino, conocido en aquella ciudad como Guido Andries (c.1480-1541). Establecido hacia 1508, desde 1520 ya contaba con un prestigioso taller de cerámica llamado Den Salm (El Salmón), situado en la calle Kammenstraat.
Guido Andries enseñó la técnica a sus hijos, que la expandieron por distintos lugares de Europa. Fue el siguiente brote desde Pisano.
En lo que respecta a la península ibérica, tres ceramistas flamencos introdujeron este arte: Jan Floris llevó el azulejo plano pintado a Talavera de la Reina desde 1551; Frans Andries, hijo de Guido Andries, se estableció en Sevilla desde 1561; y João de Góis fue responsable de su implantación en Lisboa también en 1561.
Llama la atención que Jan Floris y Frans Andries fallecieran en 1567, una coincidencia que retomaremos en la segunda parte de este artículo.
Carlos V supo del
prestigio de los hermanos Floris durante su estancia en los Países Bajos. Uno
de ellos, el pintor Frans Floris, se
encargó de organizar la decoración para la solemne entrada del emperador en
Amberes en 1549. Años más tarde, Felipe II le encargó un gran retablo de
pinturas destinado a presidir la iglesia del monasterio de San Jerónimo el Real,
en Madrid. Frans pintó las tablas en Amberes y las envió a España en 1562.
El aprecio de Felipe II por esta familia de artistas también se refleja en la actividad de Jacob Floris, pintor especializado en vidrieras. En 1569 envió desde Flandes materiales y herramientas para la instalación de vidrieras en las cámaras reales.
Por su parte, Cornelis Floris, arquitecto y escultor, destacó por la creación de las ferronneries hacia 1560 junto a los artistas Cornelis Bos y Hans Vredeman de Vries. Son composiciones ornamentales que imitaban en el dibujo las labores entrelazadas de forja.
Hans de
Vriendt nació en Amberes, donde fue
conocido como Jan Floris. Se formó como
ceramista con Guido Andries y como pintor en la Gilde de Saint Luc, la cofradía
de San Lucas, que agrupaba a los artistas pintores de Flandes y Países Bajos. Este
periodo transcurrió entre 1520 y 1550, y fue el primer pintor de mayólica que
obtuvo este reconocimiento.
En Amberes
le conoció Karel van Mander, que dejó escrito en sus memorias de 1604, que Jan
Floris superó a su maestro y fue considerado el mejor ceramista de los Países
Bajos.
En sus
viajes por Europa, Felipe II no coincidió con Jan Floris en Amberes, dado que
el ceramista ya se había trasladado a España en 1551. Su primer destino fue
Plasencia, donde se casó con la española Ana López de Almendral, y alquiló
hornos para realizar su obra. Aquí estuvo hasta 1562.
Jan Floris
reimplantó en España la técnica de Pisano, pero con un estilo pictórico más
avanzado. Debido a ser el hermano de Cornelius Floris, es ampliamente aceptado que
Jan Floris introdujo los ferronneries sobre la cerámica, añadiendo flores y
frutos, o las hojas de acanto enroscadas sobre balaustres.
Para reconocer la autoría de algunas de sus obras, contamos con una prueba excepcional: su propia firma. Un contrato fechado en 1561 nos permite conocer cómo llegó a trabajar en un retablo para la nueva capilla de Hernando de Loaysa —el marino explorador, no el ceramista talaverano del mismo nombre—. La obra había sido comenzada por otro pintor flamenco, Jorge de la Rúa, formado en Amberes junto a Frans Floris, pero quedó sin terminar por razones que desconocemos.
La pintura se conserva en la iglesia parroquial de San Nicolás, en Plasencia. Se trata de una tabla de lienzo que representa un retablo de La Asunción de la Virgen y que nos permite apreciar la destreza de Jan Floris como pintor. Su paso por la Gilde de Saint Luc ayuda a comprender la calidad de esta composición.
La firma que aparece en la obra es “156 I·F”. Resulta especialmente interesante: la “I” hace la doble función de 1 en la fecha —1561— y de inicial del nombre de su autor, teniendo en cuenta que Juan en latín se escribe “Ioannes”.
Una vez que conocemos su firma, podemos acercarnos a una obra anterior, también firmada, que destaca por su extraordinaria maestría artística y técnica.
Se trata de un conjunto ejecutado por Jan Floris en 1559 que se conserva bajo el retablo mayor de la iglesia de San Pedro, en Garrovillas de Alconétar (Cáceres). Está formado por las figuras de San Pablo, San Andrés, y la Virgen con el Niño, dispuestas en paneles de azulejos y enmarcadas por cenefas que imitan tejidos, con la función de realzar las figuras.
La firma “·I·F·”, acompañada del año, aparece bajo los pies de San Andrés.
Una vez identificados su firma y su lenguaje artístico, podemos continuar nuestro recorrido por la obra de Jan Floris, esta vez en la provincia de Valladolid.
El pavimento de la capilla funeraria de la familia Benavente, en la iglesia de Santa María de Mediavilla, en Medina de Rioseco (Valladolid), podría ser el encargo más temprano conocido de Jan Floris en España, pues está datado entre 1551 y 1554.
Entre los elementos más llamativos destaca el revestimiento del segundo escalón, decorado con una composición simétrica de dragones alados cuyas colas se enroscan formando roleos vegetales.
El pavimento incluye también seis retratos masculinos y femeninos, de marcado acento flamenco.
Merecen especial atención los florones de hojas de acanto amarillas, con extremos rizados. Sus formas recuerdan a las que años más tarde pintaría Juan Fernández para el monasterio de El Escorial. Esta semejanza ha llevado a varios estudiosos a plantear que el “florón principal” y el “florón arabesco” de El Escorial reprodujeran diseños originales de Jan Floris.
También
en Valladolid encontramos una obra encargada por este reputado abogado, que tuvo
entre sus clientes al Emperador Carlos V y al Arzobispo de Toledo.
Se trata de un pavimento de tradición castellana en el que, sin embargo, reconocemos el lenguaje ornamental de Jan Floris. Las ferronneries, las flores y los frutos, junto con las hojas de acanto enroscadas sobre balaustres, revelan la presencia de los motivos decorativos que caracterizan su producción.
La sacristía conserva otro conjunto cerámico de gran interés: un retablo formado por 1.390 azulejos, con ferronneries y motivos renacentistas.
Su autoría ha dado lugar a distintas interpretaciones. Algunos investigadores lo atribuyen a los discípulos de Jan Floris, mientras que otros defienden que fue realizado por Jan Floris.
La primera hipótesis plantea que, tras el fallecimiento de Floris y una vez fabricados los azulejos del refectorio, el nuevo encargo para la sacristía habría sido confiado a Juan Fernández, quien habría continuado la línea artística de su maestro.
La segunda interpretación encuentra un argumento a favor de la autoría de Jan Floris en el panel de San Nuflo conservado en el Museo Arqueológico Nacional. Los cueros recortados o ferronneries que enmarcan las figuras de los santos en el retablo de Plasencia presentan una gran semejanza con los que aparecen en aquella obra, también atribuida a Jan Floris.
Las figuras representan las virtudes de la Prudencia, la Fortaleza, la Justicia, la Templanza, la Bondad, la Fe, la Esperanza y la Caridad. Las alegorías femeninas aparecen dispuestas sobre dos escalones, una composición que recuerda a la obra de Garrovillas de Alconétar y Cañaveral. También encontramos semejanzas en el tratamiento del color, los contrastes entre los tonos azules y ocres, y en los pliegues de las vestimentas.
Uno de los azulejos presenta una letra “A”, algo que podría interpretarse como una firma. En ese caso, podría relacionarse con la ciudad de Amberes —Antwerpen— o al taller de Guido Andries, o un homenaje a ambos.
Es posible que en años venideros los investigadores localicen alguna documentación del siglo XVI que aporte más información sobre el encargo y los pagos realizados para esta obra. De resultar ser una obra de Jan Floris y anterior a la obra de la familia Benavente, sería la obra más antigua realizada en España después de la etapa de Pisano. No obstante, las últimas investigaciones atribuyen esta obra a un autor desconocido posterior a Pisano, pero anterior a Jan Floris.
Esta letra “A” también aparece en otras obras realizadas en el taller de Guido Andries, como el suelo de baldosas de la capilla de la finca rural inglesa “The Vyne”, en Hampshire (Inglaterra), realizado hacia 1520.
Según hemos visto, Jan Floris fue considerado el mejor ceramista de su época en Amberes y, por la calidad de las obras que conocemos en España, no parece que hubiera en aquellos años otro ceramista que pudiera igualarle.
El prestigio de Jan Floris llegó hasta la corte de Felipe II, que se interesó por sus servicios para nombrarlo azulejero real, debiendo elaborar azulejos para sus palacios y siendo un requisito que fijara su residencia en Talavera de la Reina. En la segunda parte de este artículo repasaremos esta nueva etapa de Jan Floris.
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Blog El Real de San Vicente, artículo “Plasencia (Cáceres) – Barro y cerámica en el Parador, Edificios y Calles (Talavera de la Reina y Otras…) https://elrealdesanvicente.blogspot.com/2023/09/plasencia-caceres-barro-y-ceramica-en.html?m=1
https://www.geschichte-der-fliese.de/antwerpen_allgemein.html
Las imágenes mostradas se han tomado de los documentos citados.
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