La cerámica de la Casa Henche en El Puente del Arzobispo

  

Azulejos de la Casa Henche.
Decoración del antiguo Palacio Arzobispal.
Fotografía cortesía de Miguel Méndez-Cabeza.


Resulta curioso descubrir que en El Puente del Arzobispo, una localidad conocida precisamente por su tradición cerámica, la decoración del antiguo Palacio Arzobispal esté realizada con azulejos procedentes de Talavera de la Reina. Esta obra fue elaborada en 1927 por la Casa Henche.

En este artículo nos adentramos en diferentes documentos históricos que nos ayudan a conocer mejor esta localidad toledana, cuya cerámica ha sido reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO.

Como toda obra cerámica, tiene una historia que contar.







VILLAFRANCA DE LA PUENTE DEL ARZOBISPO.
El origen de esta localidad se remonta a finales del siglo XIV. En 1390 subió al trono Enrique III de Castilla con tan solo once años. Durante su minoría de edad, su regente concedió al arzobispo de Toledo, Pedro Tenorio, el permiso para construir un puente sobre el río Tajo.

Aquel puente no solo facilitó el paso, sino que dio origen a un nuevo núcleo de población cuyo nombre quedó ligado al nuevo puente y a su promotor. A la vez, el arzobispo construyó un edificio fundamental para la villa, como es el hospital de Santa Catalina, mientras que en Talavera de la Reina fundó el monasterio de Jerónimos.

Este territorio formaba parte de un señorío medieval vinculado al arzobispo de Toledo, surgido durante la expansión territorial y repobladora de la Corona de Castilla a partir del s.XIII. En la práctica, esto significaba que, después del rey, la máxima autoridad en la zona era el arzobispo: administraba el territorio, recaudaba impuestos, organizaba los gremios y definía el desarrollo urbano. 


Escudo heráldico del arzobispo Pedro Tenorio.
Ventura Leblic. La heráldica arzobispal toledana. 1989.


Con la construcción del puente nació oficialmente la villa, a la que el arzobispo denominó Villafranca de la Puente del Arzobispo. El término "Villa Franca" no es casual: indicaba que sus habitantes estaban exentos de pagar ciertos tributos, un privilegio que favorecía la repoblación.


"Privilegio del Rey don Juan el primero
conque franquea la Villa delapuente 
del Arzobispo. Ano de 1390."
Biblioteca Nacional de España.


Durante la Edad Media, este lugar alcanzó una notable relevancia. Los privilegios concedidos por la Corona atrajeron a nuevos pobladores y favorecieron su crecimiento. De hecho, en 1464 la villa fue escenario de un importante encuentro entre el rey Alfonso V de Portugal y la Infanta Isabel de Castilla, donde se acordó el matrimonio del monarca portugués con la futura Isabel I de Castilla, boda que finalmente no llegó a celebrarse.

Historia de los Templos de España.
Manuel de Assas y Gustavo Adolfo Bécquer, 1857.


Durante esos años del siglo XV se edificó la iglesia de Santa Catalina.

Enrique III de Castilla concedió la celebración de un mercado semanal, los viernes, así como dos ferias anuales: una por San Juan y otra en el viernes “de Lázaro”, en la semana de Pasión.



EL PUENTE MEDIEVAL.
El puente se construyó entre 1383 y 1388. El arzobispo Tenorio escribió en 1383 al veedor de la Iglesia de Guadalupe: "Otrosí, cada noche y cada mañana haced saber a todos esos romeros, en como, Dios queriendo, se comenzará a hacer la puente, a reverencia y honor de Santa María de Guadalupe la primera semana de junio; que vengan y así hombres como mujeres; ca en mejor obra no pueden servir que en este puente por do pasan los romeros de la Señora".

Una inscripción conservada en una de sus piedras indica que el puente fue inaugurado en septiembre de 1388. Con sus 150 metros de longitud, pronto se convirtió en un punto clave para cruzar el Tajo, facilitando el paso de peregrinos hacia tierras de Cáceres para visitar a la Virgen y el Santuario de Guadalupe, así como el tránsito del ganado de la Mesta a través de la cañada leonesa.


Grabado de Aliot.
Semanario Pintoresco Español, 1847.


En su estado original, el puente contaba con ocho arcos y dos imponentes torreones centrales que cumplían funciones defensivas. Sus pilares, diseñados con tajamares y contratajamares en sus bases —esas estructuras en forma de proa de barco—, han permitido que resista durante siglos las crecidas del río.

Las torres, que alcanzaban unos 30 metros de altura, reflejan la importancia estratégica del lugar en la Edad Media. El puente contaba con un Alcaide, nombrado por el arzobispo de Toledo, teniendo a su cargo soldados y armamento para su defensa desde los matacanes. 

Para su mantenimiento, se cobraba un canon por el paso del ganado, cuyos beneficios se destinaban al monasterio de San Clemente. Con el paso del tiempo, y al perder su función defensiva, fueron finalmente demolidas entre 1880 y 1883.


Grabado de Parcerisa.
Recuerdos y Bellezas de España, 1853.



EL HOSPITAL DE SANTA CATALINA.
El arzobispo Tenorio fundó en la villa un hospital, bajo la advocación de Santa Catalina.

Antiguo hospital de Santa Catalina, hoy residencia de ancianos 
(edificio de la izquierda)

Este hospital estaba destinado a atender a los enfermos más necesitados, organizando los espacios para hombres y mujeres de forma separada. Pero además, ofrecía refugio a viajeros y acogida a los numerosos peregrinos que se dirigían hacia el Monasterio de Guadalupe.


Orza asociada con el Monasterio Jerónimo de Guadalupe.
Talavera de la Reina. 1690-1715.



CUANDO FELIPE II QUISO HACER NAVEGABLE EL TAJO.
Felipe II quiso que las mercancías discurrieran por el río Tajo entre Aranjuez y Lisboa, a semejanza de otras ciudades europeas, creando una vía navegable fluvial. 

Para analizar las posibilidades de este ambicioso proyecto, Felipe II mandó construir varios barcos. Gracias a las crónicas de la época podemos conocer las dimensiones de uno de ellos, llamado Tajo —unos 11 metros de eslora y 3 metros de manga—. Fabricado en Lisboa y con tripulación portuguesa, muestra las buenas relaciones entre España y Portugal en aquella época.

Carta de Juan Bautista Antonelli, 1582.


Naos portuguesas del siglo XVI en el río Tajo.
Detalle del fresco de Niccolò Granello.
Sala de Batallas. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.


La navegación, sin embargo, no era sencilla. El recorrido se realizaba por tramos, y en algunos puntos, las dificultades del río obligaban a transportar los barcos en carromatos por tierra, como relatan en esta crónica a su paso por El Puente del Arzobispo.

Carta de Juan Bautista Antonelli a Felipe II.
Puente del Arzobispo, 1 de enero de 1582.


Curiosamente, en el viaje de regreso sí lograron superar este punto navegando.

Carta de Juan Bautista Antonelli.
Puente del Arzobispo, 2 de marzo de 1582.


Las tripulaciones realizaron varias expediciones por el Tajo, adaptándose a las condiciones del río. En Talavera de la Reina era habitual cambiar de embarcación: los barcos de tamaño grande daban paso a barcos de tamaño mediano, mejor preparados para zonas de menor profundidad del río. 

Durante estas travesías, las naos hacían recalada en El Puente del Arzobispo para tomar abastecimiento, aunque en una ocasión allí no se encontraban sus habitantes, que llegaron a la noche porque se encontraban de feria. Esta crónica también relata que los barcos navegando hacia Aranjuez o hacia Lisboa se cruzaban por el río y contaban con prácticos a bordo, es decir, nautas especializados.

Carta de Juan Bautista Antonelli, 1582.


El río Tajo a su paso por El Puente del Arzobispo.
Fotografía tomada de MonumentalNet.


Los nautas disfrutaban de sus travesías por el Tajo, detallando que las vistas más hermosas se encontraban entre Toledo y El Puente del Arzobispo, siendo además la zona de más fácil navegación.

Carta de Juan Bautista Antonelli, 1582.


Con el fallecimiento de Felipe II y el deterioro de las relaciones entre España y Portugal, este proyecto de navegación por el Tajo quedó en el olvido, lo que hubiera supuesto un desarrollo económico importante en las localidades ribereñas.




LA CERÁMICA DE EL PUENTE DEL ARZOBISPO.
La tradición cerámica de esta localidad se remonta al siglo XVI. Desde entonces, en El Puente del Arzobispo se elaboraban piezas de uso cotidiano, especialmente platos de fondo blanco decorados con motivos animales o vegetales en tonos amarillos, azules, pardo melado, claros y verdes. 

Los estudios de los estratos de las casqueras de las antiguas fábricas han revelado que durante los siglos XVI y XVII las piezas elaboradas en El Puente del Arzobispo eran similares a las de Talavera de la Reina, hasta tal punto que hoy día muchos museos catalogan estas piezas sin distinguir claramente si proceden de una localidad u otra.

Plato llano. Finales s.XVI-s.XVII.
Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí.
Lugar de producción: Talavera de la Reina o El Puente del Arzobispo.



Se entiende que aquellos primeros pobladores toledanos que trabajaron en la construcción del puente se asentaron en la nueva villa y comenzaron a crear cerámica para cubrir las necesidades diarias, dando origen a la tradición artística puenteña. 

Con la llegada del siglo XVIII se produce la separación de la cerámica talaverana, que evolucionó hacia una rica policromía, mientras que la cerámica puenteña desarrolló su propio estilo, con predominio de tonos verdosos y decoraciones que incluían animales locales y exóticos, además de pinos y chaparros.

Salvilla.
Puente del Arzobispo. s.XVIII.
Museo de Santa Cruz.



La Guerra de la Independencia (1808-1814) supuso la destrucción completa de los alfares y de la iglesia parroquial de Santa Catalina. Platón Páramo destacó que a principios del siglo XVIII había veintidós alfares en Talavera de la Reina y doce en El Puente del Arzobispo. Mientras, el diccionario de Madoz de 1849 dice que en Puente del Arzobispo hay "siete fábricas de loza blanca fuerte, pero de mala vista, 5 hornos de teja y ladrillo, 3 de cántaros y botijos, un molino harinero y 3 prensas de aceite; los naturales se dedican al tráfico de los alfares, tejeras y cantareras".

Ya en el siglo XIX, la decoración puenteña incorporó nuevos temas, como escenas militares, figuras de caballería, o representaciones de generales y de Fernando VII. 

Orza.
El Puente del Arzobispo. 1872.


Familias como los De la Cal, entre otras, mantuvieron viva la tradición alfarera y participaron en la Exposición Nacional de la Minería de 1883, organizada por el Ministerio de Fomento donde se solicitaba la participación de todos los alfares nacionales.




Representantes de El Puente del Arzobispo en la Exposición Minera de 1883.


Plato, serie del pino. s.XIX.
El Puente del Arzobispo.
Museo Nacional del Romanticismo.


Cántaro. 1872.
El Puente del Arzobispo.
Museo Nacional del Romanticismo.



El reconocimiento a siglos de trabajo llegó en 2019, cuando la UNESCO incluyó la cerámica de El Puente del Arzobispo, junto a la de Talavera de la Reina y la de Puebla y Tlaxcala (México), en su lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.



EL PALACIO ARZOBISPAL DE EL PUENTE DEL ARZOBISPO.
Es de suponer que hacia 1390 el arzobispo de Toledo mandó construir en la villa su palacio para descansar durante sus viajes hacia Guadalupe y Portugal. Por alguna razón, aquella construcción tuvo que ser reedificada en 1620, fecha que aparece en su piedra de la planta baja: "Sánchez de Acuña hizo esta obra y se dio licencia al doctor Tamayo para que se hicieran esas armas. 1620".



En 1866, el ingeniero y escritor Eduardo de Mariategui relata que "el palacio arzobispal ya no existe sino ruinosos paredones", mientras que en 1906 la Guía Práctica de Toledo y su Provincia cita que "tiene en no mal estado de conservación el palacio arzobispal". También, en 1901, el palacio ya se encontraba en buen estado, según la visita del 21 de febrero del obispo auxiliar del arzobispado: "Después pasó a la casa Palacio Arzobispal, recibiendo en ella a las Autoridades y funcionarios del Santo Hospital..."

Boletín eclesiástico del Arzobispado de Toledo, 12 de marzo de 1901.


Según lo anterior, el palacio fue remodelado entre 1866 y 1901.

Antiguo palacio arzobispal de El Puente del Arzobispo.


En diciembre de 1924 ocurrió un acto memorable en El Puente del Arzobispo, con la bendición y entrega de la bandera a los somatenses, un acto al que asistieron las autoridades de la comarca. Al finalizar los actos en la iglesia, visitaron el hospital y el puente. En una larga y detallada crónica de El Castellano del 15 de diciembre, no cita el palacio arzobispal. Es de suponer que este silencio se debe a que para entonces ya se hubiera vendido para uso residencial.


Titular de El Castellano, 15 de diciembre de 1924.


Madrina del Somatén de El Puente del Arzobispo.
El Castellano Gráfico, 1 de enero de 1925.




LA DECORACIÓN CERÁMICA de la Casa Henche EN EL ANTIGUO PALACIO ARZOBISPAL.
Puede resultar sorprendente que, en una localidad con tanta tradición alfarera como El Puente del Arzobispo, uno de sus edificios más emblemáticos fuera decorado con azulejería procedente de Talavera de la Reina. A principios del siglo XX destacaba la cerámica puenteña de la familia Sanguino y de Francisco Nebot, conocido localmente como "el tío Nebó".

Las razones no están del todo claras. Tal vez, en aquel momento, los alfares locales no pudieron asumir un encargo de esas características. O quizás fue simplemente una decisión del propietario del edificio, eligiendo a la Casa Henche por ser su deseo.


Detalle de la decoración de la fachada principal del antiguo palacio arzobispal.
Plaza de España. El Puente del Arzobispo.
Fotografía cortesía de Miguel Mendez-Cabeza.


En cualquier caso, el resultado es una obra del año 1927 muy querida por los vecinos. La fachada principal del edificio está orientada al norte y da a la Plaza de España, mientras que la fachada sur mira al río Tajo, desde donde siglos atrás el arzobispo Tenorio disfrutaba de las relajantes vistas. 

Esta fachada principal cuenta con dos esculturas de cabezas mirando hacia el este, hacia la ciudad imperial. Bajo los ventanales hay un jarrón de La Pureza flanqueado por dos guerreros sentados y por dos dragones.


Cerámica Henche en el antiguo palacio arzobispal.
Plaza de España. El Puente del Arzobispo.
Fotografía cortesía de Miguel Mendez-Cabeza.


La cabeza de guerrero representada en la azotea también mira hacia Toledo y se encuentra flanqueada por dos dragones y grutescos.

Cerámica Henche.
Plaza de España. El Puente del Arzobispo.
Fotografía cortesía de Miguel Mendez-Cabeza.


En la Plaza de España se puede disfrutar de los principales edificios: el antiguo hospital, la iglesia y el antiguo palacio arzobispal. La fachada lateral del palacio se encuentra en la calle Santas Alfareras, desde donde se descubre fácilmente al autor de su decoración y el año de su elaboración.


Panel cerámico de la Casa Henche.
Calle Santas Alfareras. El Puente del Arzobispo.
Fotografía cortesía de Miguel Mendez-Cabeza.


Panel cerámico de la Casa Henche.
Calle Santas Alfareras. El Puente del Arzobispo.
Fotografía cortesía de Miguel Mendez-Cabeza.


Según hemos visto, la decoración aparenta ser un homenaje a la ciudad de Toledo. En el centro de la fachada principal y bien visible desde cualquier punto de la Plaza de España destaca el escudo de la capital toledana, la ciudad del arzobispo Tenorio, que también es la ciudad natal del doctor Henche.


Escudo de Toledo. Cerámica Henche.
Plaza de España. El Puente del Arzobispo.
Fotografía cortesía de Miguel Mendez-Cabeza.


Los pilarotes de la barandilla de la azotea cuentan con jarrones con asas decorados con pabellones.


Cabeza de guerrero mirando hacia el río Tajo.
Calle Santas Alfareras. El Puente del Arzobispo.
Fotografía cortesía de Miguel Mendez-Cabeza.


Cerámica Henche.
Calle Santas Alfareras. El Puente del Arzobispo.
Fotografía cortesía de Miguel Mendez-Cabeza.


No será el único trabajo elaborado en El Puente del Arzobispo por artistas procedentes del revival talaverano de los primeros años del siglo XX. Unos años más tarde, en 1941, Francisco Arroyo, maestro ceramista talaverano, se trasladó a la localidad para colaborar con la fábrica cerámica de Santa Catalina, con la ayuda de Tomás Montemayor, logrando rescatar la cerámica puenteña de su decadencia. 

Fruto de este impulso, en 1942 se creó la sociedad "Pedro de la Cal y Juan Manuel Arroyo Cerámica Artística de Santa Catalina".

Tomás Montemayor es el hijo del reconocido alfarero talaverano Julián Montemayor, a la vez que Juan Manuel Arroyo es el hijo de Francisco Arroyo.

Así, la historia del palacio y su decoración habla del encuentro entre dos tradiciones cerámicas profundamente conectadas.



Agradecimientos:
- A Miguel Mendez-Cabeza, por las fotografías facilitadas.
- A Fernando de la Península, por la fotografía facilitada.


Mis fuentes:
- Prensa histórica.
- Biblioteca Nacional de España.
- Cabanes, F. Favier. Memoria que tiene por objeto manifestar la posibilidad y facilidad de hacer navegable el rio Tajo. 1829.
- CERES.
- Enciclopedia Universal Ilustrada Europea-Americana. 1922.
- González Zamora, César. Talaveras: Las lozas de Talavera y su entorno a través de una colección. 2003.
- Leblic García, Ventura. La heráldica arzobispal toledana. 1989.
- Maquedano Carrasco, Bienvenido. El Puente del Arzobispo (Toledo): Construcción y Fortificación. 1996.
- Maquedano Carrasco, Bienvenido. Un pintador de cerámica del siglo XIX en El Puente del Arzobispo. 2002.
- Mariategui, Eduardo. Crónica de la Provincia de Toledo. 1866.
- Merlos, Magdalena. Arquitectura militar en las villas medievales del Arzobispo de Toledo: función y significado. 2000.
- Vizuete Mendoza, J. Carlos. Hornos, molinos y telares en la tierra de Talavera en la segunda mitad del siglo XVIII, según los interrogatorios de Ensenada y Lorenzana. 2021.
- Provincia. Boletín informativo de la Diputación Provincial de Toledo. Marzo de 1960.


© Septimio Andrés Domínguez.
3 de abril de 2026.


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