El alfar talaverano de La Menora y las Exposiciones del s.XIX

 

Vaso de bolsillo.
Iniciales RM (Romualda Martínez)
Fotografía cortesía de Arsenio Martín.


Pocos alfares quedaron en pie tras el paso de las tropas extranjeras por Talavera de la Reina durante el siglo XIX. El cronista de la villa, Ildefonso Fernández, detalla que en 1897 aún existía el edificio de la fábrica del célebre alfarero Ignacio Mansilla del Pino, en la Cañada de los Alfares, aunque ya no funcionaba como alfar. Este alfar de los Masilla también lo vio Platón Páramo, quien recordaba que sobre la puerta había un azulejo fechado en 1710 con las armas de la familia.

La casa de los Mansilla se encontraba en el número 8 de la Cañada de los Alfares y, junto a ella, en el número 6, se encontraba el alfar de La Menora.

Gracias a los textos de quienes conocieron este último alfar, e incluso al relato escrito por uno de los artistas que vivió y trabajó en esta casa, hoy podemos reconstruir la historia de La Menora.

En este artículo revisamos los distintos documentos que hablan de este alfar. Entre ellos resultan especialmente reveladoras las crónicas de la prensa histórica, que nos muestran a La Menora representando fuera de Talavera la cerámica artística de la ciudad. Muy reconocido en su tiempo, esta fábrica tuvo la ocasión de participar en un temprano intento de revival cerámico y llegó a estar presente en la Exposición Universal de París de 1878 y en la Exposición Minera de 1883.







LA CREACIÓN del ALFAR DE LA MENORA.
Esta casa-alfar ya existía desde el siglo XVIII. Aunque desconocemos el nombre que con el que entonces se conocía, cambió de propietarios e inquilinos en varias ocasiones, hasta que Manuel Martínez logró arrendarlo en los primeros años del siglo XIX para producir loza fina. El arrendamiento se lo hizo el alfarero Luis López de Sigüenza, uno de los propietarios de los cinco alfares de loza fina que todavía funcionaban en Talavera a finales del siglo XVIII, a quien se atribuyen zócalos en la sacristía de la ermita de Nuestra Señora del Prado.

Manuel se casó con Brígida Rodríguez y en esta casa nacieron sus dos hijos: Manuel y una niña menor llamada Romualda Martínez Rodríguez, a quien todos llamaban "la Menora".

Para ayudar en el alfar y en la casa, Manuel contrató al matrimonio formado por Teodoro Sánchez Corral y María García. Mientras Teodoro se ocupaba "de las taonas, contar y pagar las leñas, y empajar la loza", María fue el ama de cría de la pequeña Romualda.

La armonía entre ambas familias fue tal que los hijos de Teodoro y María, llamados Isabel y Francisco, se criaron junto a los de la casa como si fueran hermanos. Francisco y Romualda, de la misma edad y hermanos de leche, mantuvieron ese vínculo durante toda su vida.

Hay que notar que los niños llevarán unido el apellido Sánchez Corral.




En la casa también se crió un niño de Velada llamado Julián Fernández. Comenzó como criado, pero poco a poco fue aprendiendo todas las operaciones del alfar, hasta quedar con los años como encargado del mismo.

El funcionamiento del alfar seguía con una estructura gremial: el aprendiz trabajaba unos cuatro años sin sueldo, sirviendo al oficial hasta que lograba ascender a esa categoría. Dijo Emilio Niveiro Díaz que "las obras en el siglo XIX son tristes, pobres en general y carentes de aliento. Solo, como una isla pequeña, el alfar de La Menora produce todavía alguna pieza graciosa". 

En 1812 falleció el titular del alfar, Manuel. Su viuda luchó por mantener la casa y el alfar. Como el alquiler resultaba muy elevado, logró acordar el pago únicamente de la casa, por 60 reales mensuales. No sabía aún si podría continuar con la actividad del alfar, por lo que en el contrato quedó estipulado que, en caso de volver a ponerlo en marcha, la renta ascendería a 200 reales por cada horno de loza.

La lucha por salir adelante debió de ser dura y, gracias a su esfuerzo, llegó a hacerse con la propiedad del alfar. Pero tanto esfuerzo se llevó su vida a los pocos meses después.



JULIÁN FERNÁNDEZ y FRANCISCO SÁNCHEZ CORRAL.
Al quedar huérfanos, Romualda y su hermano quedaron bajo la tutela de Julián Fernández. Parece que Manuel había dejado todo dispuesto antes de fallecer: confiaba a Julián el cuidado de la fábrica, la casa y las viñas, para que en ellas pudiera criarse la pequeña Romualda. Por alguna razón, ya no se cita a su hermano.

En aquellos días la armonía y la felicidad reinaban en la casa, donde todos convivían como una misma familia. A Romualda, aunque la consideraban hija y hermana, la llamaban respetuosamente "ama".


Jarra de pico elaborada en el alfar de La Menora.
Decorada con las letras RM (Romualda Martínez).
Museo Ruiz de Luna.
Fotografías cortesía de Fernando de la Península y blog de Juan Ruiz de Luna.



Sin embargo, los parientes de Manuel no entendieron aquella situación y decidieron llevarse a la niña a su casa, causando una gran pena a todos. Siempre que podía, Romualda se escapaba para volver al alfar; en la casa de sus parientes se sentía separada de quienes consideraba sus verdaderos hermanos y padres.

Julián pleiteó durante años y gastó una gran suma de dinero, unos 100.000 reales, para lograr finalmente ser nombrado tutor de la Menora. Aquellos gastos pudieron afrontarse gracias a las aportaciones de los pintores del alfar, lo que da una idea del número de artistas que entonces trabajaban en La Menora.

Una vez todos juntos de nuevo, la producción aumentó y Julián Fernández mandó que el hermano de leche de Romualda, Francisco Sánchez Corral, aprendiera el oficio, convirtiéndose en el mejor oficial cerradero, es decir, encargado de tornear las piezas cerradas del alfar. 

Francisco se casó con una mujer también llamada Romualda y tuvieron dos hijos: Julián y Antolín Sánchez Corral López. 




Cuando los niños aún no habían cumplido cinco años, tanto Francisco Sánchez Corral como su esposa fallecieron, dejando los pequeños huérfanos. Sería el año 1855. La historia parecía repetirse.



JULIÁN y ANTOLÍN Sánchez Corral.
Los pequeños huérfanos Julián y Antolín fueron acogidos como hijos por Romualda, la Menora. Primero llegó Antolín, el menor, y unos años después Julián, que había pasado un tiempo como monaguillo con su tío-abuelo, cura en Buenaventura.

La Menora se casó hacia 1851 con el veterinario Gabriel Herranz Martín. En la carta de dote aparece Romualda como propietaria del alfar, por parte de su marido.

Ambos niños aprendieron el oficio. Antolín destacó pronto como alumno aventajado. Fue Julián quien dejó escritas las notas en las que recuerda la vida en el alfar de La Menora. Cuenta que primero los oficiales le enseñaron el oficio y que más tarde comenzó a pintar con el maestro Sáez, aunque siempre bajo la enseñanza de Julián Fernández.

Precisamente, en el crucero del Museo Ruiz de Luna se conserva un panel de azulejos de la Virgen del Prado, en azul, fechado en 1817 y firmado por Simón Sáez, perteneciente al alfar de La Menora.


Virgen del Prado.
Elaborada por Simón Sáez en 1817 en el alfar de La Menora.
Museo Ruiz de Luna. Fotografía cortesía del blog Juan Ruiz de Luna.


El marido de La Menora se interesó por impulsar el alfar, aportando el capital necesario para contratar oficiales de Valencia y de Manises. Aquellos ceramistas fabricaron piezas de gran calidad, pero no lograron venderse, por lo que la inversión cayó en saco roto. Sobre aquellas producciones dijo Emilio Niveiro Díaz que crearon "algún plato donde las flores luchan indecisas entre el primitivo estilo talaverano y la manera alcoreña, sin acabar de decidirse".


Cantarilla elaborada en el alfar de La Menora.
Fotografías cortesía de Arsenio Martín.


Sánchez-Cabezudo explica que, antes de la llegada de los valencianos, el elevado precio del cobalto hacía que se utilizara poco, predominando una decoración en amarillo sobre blanco. 

Plato elaborado en el alfar de La Menora, 1845.
Museo Ruiz de Luna.
Fotografía cortesía del blog de Juan Ruiz de Luna.



Continúa explicando Sánchez-Cabezudo que con la llegada de aquellos oficiales, en cambio, comenzaron a fabricarse platos a molde "decorados con grandes ramos de flores, nuevas cenefas, con una nueva paleta de colores, donde destacan los tonos verdes y rosado fuerte, así como el uso de trepa como elemento figurativo".


Plato elaborado en La Menora, 1859.
Museo Ruiz de Luna.
Cuenta con una dedicatoria a Ildefonsa Ruiz.
Fotografía cortesía de Fernando de la Península.


En 1862 el ilustrador Gustave Doré y el hispanista Davillier visitaron Talavera de la Reina. 



Davillier dejó escrito que “todavía existen algunas fábricas de mayólica en Talavera, que visitamos, pero sus productos son bastante comunes. Los tejidos de seda, y especialmente los damascos de esta ciudad, fueron en su día muy famosos en España: estas fábricas siguen siendo bastante importantes hoy en día y constituyen, junto con la mayólica, la principal industria del país”. Parece que visitaron el alfar de El Carmen, de los Niveiro, creado en 1849, y también el alfar de La Menora.

Mientras tanto, Julián Fernández continuó dirigiendo el alfar y se ocupó de formar a Julián Sánchez Corral. Este último recordaría siempre en sus notas la figura de su maestro y protector. 

Gracias precisamente a esas notas conocemos la historia de una de sus primeras obras. Durante las siestas del mes de septiembre de 1868 usó unos azulejos que eran de su padre (hermano de leche de la Menora) para pintar una Virgen de talla. Los vidrió y los decoró con un tono anaranjado que él mismo preparaba con alarca (óxido y otros compuestos). 

La Menora quedó muy contenta con el resultado y quiso regalársela a Julián como recuerdo de su padre Francisco Sánchez Corral. Pero el joven tenía entonces 18 años y no tenía casa ni hogar, así que decidió donarla a la ermita de la Virgen del Prado, con la condición de que se colocara en el portal. 

Y así se hizo. El panel, formado por siete azulejos de ancho por once de alto y con la inscripción "Julián Sánchez Corral, año de 1868", se conserva actualmente en la puerta tapiada de la fachada sur.


Virgen del Prado.
Julián Sánchez Corral, 1868.
Fotografía cortesía del blog de Juan Ruiz de Luna.



LA DIRECCIÓN de Antolín Sánchez Corral. La participación en las EXPOSICIONES.
A la muerte de Romualda en 1872, su marido recuperó la propiedad del alfar. Poco después, y no por herencia sino por adquisición, donación u otra figura legal, Antolín Sánchez Corral se convirtió en el titular de La Menora.

Hay una fecha memorable en la historia de Talavera de la Reina: el 19 de junio de 1876, cuando Alfonso XII visitó la villa con motivo de la inauguración del nuevo ferrocarril. Impresionado por la importancia de la localidad, le concedió el título de ciudad. El rey llegó acompañado por su hermana, entonces Princesa de Asturias y más tarde conocida como la Infanta Isabel, gran aficionada y conocedora de la cerámica antigua talaverana.

Gaceta de Madrid, 20 de junio de 1876.


Gracias a la crónica de la feria de septiembre de aquel año publicada por el diario La Patria, que contaba con corresponsal en Talavera, sabemos que Antolín Sánchez Corral figuraba ya al frente del alfar de La Menora. Durante aquella visita, el diputado a Cortes José Emilio de Santos, además de visitar la feria, manifestó a Antolín su interés en promover un revival de la antigua cerámica talaverana.

El cronista relata la visita del diputado al alfar de La Menora: "Al ver el deplorable estado en que se halla la fabricación (refiriéndose al escaso número de alfares), ha puesto a disposición del Sr. D. Antolín Sánchez Corral la preciosa colección cerámica que posee, para que se la traiga a Talavera y puedan reproducirse los antiguos trabajos, ..., si es que puede contribuir a restaurar aquella industria.

El diputado también visitó el alfar de El Carmen, de Agustín Niveiro Page, donde se fabricaban tinajas.


La Patria, 28 de septiembre de 1876.


Más significativa fue la presencia de la producción de La Menora en la Exposición Universal de París de 1878. El diario La Mañana citó a Antolín Sánchez Corral: "... los botijos y tinajas tan celebrados de Antolín Sánchez, de Talavera ..."


La Mañana, 26 de noviembre de 1878.


Desde 1881, el Anuario del Comercio, de la Industria, de la Magistratura y de la Administración incluye a Antolín Sánchez Corral como propietario en el grupo de Alfarerías y en el grupo de Lozas, de Talavera de la Reina. No aparece antes simplemente porque la Biblioteca Nacional no conserva ejemplares anteriores. La última vez que aparece citado será en el Anuario de 1894.

Anuario del Comercio. 1881.


En 1882 es muy probable que el alfar participara también en la Exposición de Oporto, según se desprende de la siguiente crónica:

La Correspondencia de España, 2 de agosto de 1882.



Un año después, en 1883, se celebró la Exposición Nacional de Minería, Artes Metalúrgicas, Cerámica, Cristalería y Aguas Minerales, organizada por el Ministerio de Fomento. La prensa la denominó la "Exposición Minera".




Se llamó a participar a todos los productores nacionales organizados por provincias, donde la provincia de Toledo contó con una representación destacada en el Pabellón de Cerámica. 

Por Talavera de la Reina participaron Antolín Sánchez Corral, Juan López Bande y los hermanos Muñoz. Puente del Arzobispo estuvo representado por varios artistas, mientras que por la ciudad de Toledo acudió Cándido García Corral.



El Nuevo Ateneo, 15 de julio de 1883.

Representantes de El Puente del Arzobispo.


También, los ayuntamientos tuvieron la ocasión de participar en esta Exposición Minera, destacando la participación de Ayuntamiento de Talavera de la Reina, representado por Luis Jiménez de la Llave, con cuatro cuadros de azulejos del siglo XVI procedentes de la famosa iglesia de San Antón.


El Nuevo Ateneo, 15 de julio de 1883.



Jarra elaborada en el alfar de La Menora.
Fotografías cortesía de Fernando de la Península.


La Gaceta de Madrid del 16 de noviembre de 1883 publicó el listado de premiados. En la sección de CERÁMICA, el diploma de honor correspondió a la Fábrica de la Moncloa, pero es destacable la mención honorífica a Antolín Sánchez Corral, junto a su paisano talaverano Juan López.


El Nuevo Ateneo, 1 de diciembre de 1883.


Platón Páramo llegó a conocer a Antolín. Señalaba que en el siglo XIX se siguieron haciendo algunos cuadros de azulejos con la imagen de la Virgen del Prado, y "vivo está en la ciudad el último alfarero, Antolín Sánchez Corral. Como no sabía dibujo, calcaba las figuras, que resultaban sin claro-oscuro y solo acusados sus contornos". 

El propio Páramo afirmaba conservar en su colección el último cuadro firmado por Antolín Sánchez, fechado en 1868 y formado por 45 azulejos, del que decía que "es de brillante colorido, pero de azules muy chillones y de pésimo dibujo". 

De manera similar, los expertos suelen evaluar la obra de Julián Sánchez Corral: presenta falta de conocimiento y práctica. El premio de la Exposición Minera es de los pocos reconocimientos que obtuvieron, aunque suficiente para pasar a la historia.



EL CIERRE del alfar de LA MENORA. Su producción cerámica.
Antolín Sánchez Corral tuvo el alfar entre 1872 hasta 1895, cuando lo traspasó a Casimiro Muñoz, que después lo cedió a su sobrino político Julián González de los Ríos, quien lo conservó hasta su cierre definitivo en 1905.

Dicen el padre Diodoro Vaca y Juan Ruiz de Luna que con el cierre del alfar de La Menora desapareció lo poco clásico que aún quedaba en Talavera de su cerámica, dado que en El Carmen solo se fabricaba loza ordinaria de estilo valenciano.

Julián Sánchez Corral estuvo en La Menora unos veinte años. Después, trabajó en los alfares de El Carmen y de N.S. del Prado, siendo Julián Montemayor Carreño uno de sus compañeros de viaje por estos tres alfares.

Según Pradillo, para la creación del alfar de N.S. del Prado reclutaron operarios experimentados que envejecieron en los extintos alfares y tomaron otros de El Carmen, entre ellos el célebre Julián Sánchez Corral”. También cita que Julián Sánchez Corral vivió en la calle Trinidad y que al menos entre 1899 y 1907 (contando 57 años de edad en este año) fue propietario y pintor. Se trata de la misma calle donde Julián Montemayor elaboró su famosa fachada.

Durante el siglo XIX los alfares talaveranos exaltaban la figura de Fernando VII, el Deseado, y sus comandantes militares. Aparecían representados a caballo y figuraba el nombre del propietario de la pieza.

Jarra de bola. Alfar desconocido.
Talavera de la Reina, primer tercio s.XIX.
Museo Nacional del Romanticismo.

Resulta difícil localizar piezas elaboradas en La Menora. Su producción se centró en piezas de loza. Las piezas de La Menora cuentan con una decoración como la que se muestra a continuación:

Copa. Alfar de La Menora.
Talavera de la Reina, 1834-1866.
Museo Nacional de Artes Decorativas.


Jarra burladera.
La Menora, circa 1860.
Fotografía cortesía de Talavera16.


Gracias a la colección de Arsenio Martín podemos apreciar algunas piezas, que recuerdan a un estilo naif de la cerámica talaverana, según hemos visto en las imágenes a lo largo de este artículo.

También, hay otras obras elaboradas en La Menora como la siguiente, que hace pocos años ha sido ofrecida en casas de subastas:

Placa de cerámica.
Elaborada en el alfar de La Menora, circa 1859.
Fotografía facilitada por Fernando de la Península.


Pero, como hemos visto, en La Menora también se elaboró alguna obra en azulejo y pequeñas placas, como las fechadas en 1855 y dedicadas a San Cipriano y a San Illán, en la fachada de la Ermita de San Illán y de N.S. La Antigua en Cebolla (Toledo), respectivamente.

Placas de San Cipriano y San Illán. 
Alfar de La Menora. 1855.


En la sala 7 del Museo Ruiz de Luna hay una vitrina donde se conservan 14 piezas elaboradas en el alfar de La Menora: trece platos y una jarra de pico. 

Vitrina dedicada al alfar de La Menora en el museo Ruiz de Luna.
Fotografía cortesía del blog de Juan Ruiz de Luna.



EL ALFARILLO DE LA MENORA de Emilio Niveiro Díaz.
Conocedor de la trayectoria del alfar de La Menora, su recuerdo sirvió para dar nombre al último alfar creado por los Niveiro en los años sesenta. Resulta sorprendente el relato de Emilio Niveiro Díaz en el que explica las razones por las que creó un nuevo alfar. En su conferencia de 1967, dice que "Después, una visita ocasional al Parador de Oropesa y una airada bronca de Adela Páramo, la hija de don Platón, que nos recriminaba a mi hermano y a mí: ¿Cómo podéis tolerarlo, con ese apellido?", refiriéndose a su obligación moral de crear cerámica después del cierre definitivo de los alfares de El Carmen y de N.S. del Prado.

Continúa explicando la elección del nombre Alfarillo de La MenoraHace más de tres años he resucitado su nombre, que me parece muy sugerente y eufónico, para abanderar una empresa de resurgimiento ... Ni aquellos hornos, ni aquellos sistemas. Por eso, y por un pudor íntimo, llamamos a la aventura con el antiguo y encantador nombre de “Alfarillo de La Menora”, olvidándonos del Niveiro mientras no pudiésemos airearlo con dignidad”.

Plato característico del Alfarillo de La Menora.
Museo Lázaro Galdiano.



Ya para finalizar este viaje y como reflexión final: ¿Cómo no iba a crear su propio alfar el joven doctor Henche a su llegada a Talavera de la Reina en los primeros años del siglo XX, rodeado de este espíritu romántico de antiguos alfares y revival de la nueva producción, eligiendo como compañero a uno de los protagonistas de estas bellas historias como fue Julián Montemayor?




Agradecimientos:
- A Fernando de la Península, por la información facilitada.
- A Arsenio Martín, por permitirme publicar las fotografías de su colección.
- Al autor del blog del ilustre ceramista Juan Ruiz de Luna, por la información facilitada.
- Al autor del blog Talavera16, por la fotografía y la información facilitada en su blog.
- A Marta Pereira, por la información facilitada.

Mis fuentes:
- Prensa histórica.
- CERES.
- Ballesteros Gallardo, Ángel. Cerámica de Talavera: Tres tiempos para una historia.
- González Moreno, Fernando. De la decadencia al revival: azulejería talaverana de los siglos XIX y XX.
- González Moreno, Fernando. Una breve historia de la cerámica talaverana a través de los libros de viajes de extranjeros desde el siglo XII hasta el siglo XIX. 1999-2000.
- González Moreno, Fernando. Tradición vs Industrialización en la azulejería de Talavera de la Reina.
- González Moreno, Fernando. La azulejería religiosa del Museo de Cerámica "Ruiz de Luna": apuntes de iconografía. 2022.
- González Zamora, César. Talaveras: Las lozas de Talavera y su entorno a través de una colección. 2003.
- Niveiro Díaz, Emilio. Noticia de la cerámica talaverana. 1967.
- Páramo, Platón. La Cerámica Antigua de Talavera. 1919.
- Portela Hernando, Domingo. Caballero Klink, Alfonso. El Museo de Cerámica "Ruiz de Luna" de Talavera de la Reina. La identidad de la ciudad. 2017.
- Pradillo Moreno de la Santa, Juan Manuel. Alfareros Toledanos. 1997.
- Sánchez-Cabezudo, Ángel. Producciones preliminares y coetáneas al alfar de N.S. del Prado en la colección de Arsenio Martín. Fábricas de cerámica en Talavera y Puente del XIX al XX. 2022.
- Vaca, Diodoro. Ruiz de Luna, Juan. Historia de la cerámica de Talavera de la Reina y algunos datos sobre la de Puente del Arzobispo. 1943.
- Blog El latir de la cerámica.


© Septimio Andrés Domínguez.
14 de marzo de 2026.


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