Hernando de Loaysa. Maestro de hacer azulejos.
A primeros del
siglo XX, coincidiendo con el revival de la cerámica talaverana, un grupo muy
reducido de personas conocían los orígenes de la cerámica de Talavera de la Reina, cuyos inicios se remontan al siglo XVI. Hasta el siglo XIX apenas se había escrito sobre ella y muy pocos se habían ocupado de su estudio. Tan solo habían llegado hasta entonces algunas referencias dispersas y algunos
documentos que lograron sobrevivir a las guerras, las desamortizaciones y
los incendios.
La situación comenzó a cambiar gracias a la
labor investigadora surgida a finales del siglo XIX, con José Gestoso, Guillermo
de Osma y Juan Facundo, junto a los eruditos
coleccionistas como el conde de Superunda, Archer Milton Huntington, Platón
Páramo, Anastasio Páramo, Félix Boix y José Prats. Sus trabajos sentaron las bases para que investigadores como el padre Diodoro Vaca y Juan Ruiz de Luna ampliaran el conocimiento sobre la historia de la cerámica talaverana.
En la península ibérica, ya desde el siglo X, las estancias más nobles se decoraban con alicatados formados por composiciones geométricas. Durante el siglo XV esta técnica fue perfeccionándose con el método de la “cuerda seca”, fácilmente reconocible porque los esmaltes quedan ligeramente realzados al tacto. Entre los centros productores destacó especialmente la ciudad de Toledo.
A principios del siglo XVI apareció la técnica
de “arista o cuenca”, que permitía agilizar la fabricación de los azulejos mediante el
empleo de moldes de madera y facilitaba una producción mucho más rápida que la cuerda seca.
La revolución
llegó en el siglo XVI con la llegada del italiano Francesco Niculoso Pisano (14xx-1529)
que, desde Triana, representó sobre azulejos planos la decoración del
Renacimiento italiano, complementando la alfarería con el pintor de lienzos, apareciendo así los primeros cuadros realizados sobre cerámica. Palacios, casas
de la nobleza, iglesias y conventos comenzaron a engalanarse con estas divinas obras.
Después sería el
turno del belga Jan Floris (c.1520-1567), que rescató el arte de Pisano. Felipe
II lo nombró proveedor de azulejos para sus obras reales y estableció su alfar en
Talavera de la Reina. Fue el creador de las “ferronneries”, composiciones inspiradas
en labores de hierro forjado.
La siguiente
generación llegó hacia 1580, desde Talavera de la Reina, de la mano de nuestro
protagonista, Hernando de Loaysa.
Hernando de Loaysa fue el primer gran artista ceramista nacido
en Talavera de la Reina del que tenemos noticias documentadas. Pertenecía a una destacada familia de alfareros. Su
padre fue Jerónimo de Loaysa; su suegro fue el artista Antonio Díaz; su yerno fue Juan Fernández de Oropesa, y su hijo fue Luis de Loaysa, que llegó
a desempeñar el cargo de alfarero criado del rey. También tuvo una hija llamada Mencía Suárez.
Hay
noticias de sus trabajos antes a 1580, cuando Loaysa firmó trabajos para el
colegio de Santa Cruz, en Valladolid, edificio levantado entre 1486 y 1491. En la actualidad es la sede de la Universidad de Valladolid.
En los contratos conservados aparece Hernando de Loaysa citado como “maestro de hacer
azulejos”, y su taller propio en Talavera de la Reina.
La actividad profesional, según la fecha de sus obras, la desarrolló entre 1580
y 1603. Gracias a los contratos firmados con sus clientes conocemos hoy sus
principales encargos y la cronología de muchas de sus obras.
Hacia
1583 Loaysa dejó Talavera para establecerse en Valladolid, en el barrio de
Santa María, donde ejerció como alcaller, nombre con el que se conocía a los alfareros
en aquella ciudad.
En
1592, debido al fallecimiento de su esposa, regresó de nuevo a Talavera, donde continuó desarrollando su actividad.
Una de la últimas referencias documentales sobre Hernando de Loaysa corresponde a 1602. En ella aparece representando a su yerno, el ceramista Juan
Fernández de Oropesa, en la firma del contrato para realizar los paneles del palacio
del Almirante en Oropesa, una obra realizada íntegramente por este último.
A su fallecimiento, otros maestros azulejeros talaveranos continuaron la tradición, convirtiendo a Talavera de la Reina como el principal centro productor de azulejería del reino desde mediados del siglo XVI.
En su obra de 1919, La Cerámica antigua de Talavera, Platón
Páramo dedica varias páginas a los orígenes de la azulejería talaverana. Destaca que fue
tan importante que en los siglos XVI y XVII todos los templos, palacios y casas
particulares de prestigio estaban decoradas por esta azulejería. Para él, la decoración talaverana
seguía fielmente la corriente del Renacimiento italiano, con vistosos frisos inspirados en asuntos mitológicos y profanos.
Tras describir
los cuadros de azulejos con fechas conocidas, Platón Páramo pasa a describir los cuadros que
no llevan fecha y añade una fototipia de cada uno. Dice que son los cuadros que conserva en el patio
de su casa en Oropesa.
El primero procedía del Palacio de Frías, en Oropesa: “Recuadran el medallón central despliegues de acanto dibujados en
amarillo y óvalos imitando mármol sanguíneo, con una cenefa finamente dibujada
en azul al claro-oscuro. El medallón central en color anaranjado, y acusadas
las figuras con el pardo morado de manganeso, representa uno de los doce
trabajos de Hércules, estando formado este cuadro por 153 azulejos”.
Cuando Francisco Alcántara vio
este último, escribió en El Imparcial: “El
ejemplar más bello e interesante que he visto, por la pureza de su estilo
italiano, pues italianos fueron los pintores de la azulejería talaverana, o
españoles italianizados…”
Sin embargo, Platón Páramo desconocía quién había sido el autor de esta extraordinaria composición y llegó a atribuirla, con reservas, a Gaspar Becerra, por su parecido con el zócalo del retablo del altar mayor de la catedral de Astorga.
Si eres seguidor de este blog,
sabrás que Platón Páramo vendió su colección en 1921 a Trinidad Scholtz, que en
1910 era conocida como la viuda de Iturbe.
Por esa razón, el padre Diodoro
Vaca, en su obra de 1911, cuando comenta que visitaron el Palacio del duque del
Infantado, en Guadalajara, —posiblemente acompañado por Juan Ruiz de Luna—, señaló que hay un zócalo en la capilla de la Sala de Linajes, y otro en la
galería del jardín, y "que estos zócalos son, sin duda alguna, hermanos gemelos
del que, procedente de Oropesa posee la Sra. Viuda de Iturbe y que figuró en la
exposición del Palacio de Liria".
Aquella exposición, organizada por
el duque de Alba en 1910, reunió algunas de las colecciones de
cerámica española más importantes del momento. Entre ellas figuraba la viuda de Iturbe, donde se exhibieron los cuadros de azulejos que pertenecieron a Platón Páramo.
En el catálogo de la Exposición de
1910, en el ítem 246 dice: “Ocho tableros azulejería de un friso del Palacio de
Oropesa. Siglo XVII. Cuatro de 2m long por 1,24 altura, y dos de 1,50m por
1,24m. Sra. Vda. De Iturbe”.
Hasta ese momento, no se relacionaban aquellas obras con Hernando de Loaysa. En esos años, gracias a la difusión realizada por Platón Páramo y a la repercusión de la exposición de 1910, tanto Juan Ruiz de Luna como el doctor Henche pudieron conocer de primera mano estas grandes obras.
Todo indica que Trinidad Scholtz se desprendió de esta obra antes del incendio de El Quexigal de 1956, o, si logró salvarse del incendio, se vendería después, dado que no figura entre los bienes subastados por Sotheby’s en 1979.
Pero ¿dónde se encuentran hoy los restantes cuadros cerámicos que se mostraron en la Exposición de Cerámica Española celebrada en el Palacio de Liria en 1910? Sabemos que
eran ocho. Si aceptamos que el conservado en el Museo Princesshof corresponde al que perteneció a Platón Páramo, nos quedaría por localizar siete.
El Museo Arqueológico Nacional
informa que cuenta con dos paneles. Uno de ellos procedente de la colección de Félix Boix y procedente del palacio de
Frías, en Oropesa. El segundo ingresó procedente de la colección de Anastasio Páramo Barranco y procedente del palacio
los duques de Sessa y Altamira, en Torrijos. Anastasio Páramo es un familiar lejano —primo o
similar— de Platón Páramo, que tenían en común el coleccionismo de arte.
Los
paneles de azulejos de estos museos presentan el característico óvalo central en color dorado, decorado con
escenas inspiradas en la mitología griega. El fondo azul aparece flanqueado por dos figuras femeninas aladas que se prologan en motivos vegetales. En la parte superior figura la cabeza de un querubín y, en la inferior, una carátula enmarcada entre dos veneras. Los museos datan estas obras entre 1551 y 1600.
Faltaría
uno por localizar, suponiendo que los anteriores fueron los expuestos en 1910.
Es muy posible que el cuadro de azulejos que falta sea el que perteneció a Platón
Páramo y procedente del palacio de Frías.
En
1595, ya de regreso en Talavera de la Reina, Hernando de Loaysa recibió el encargo de azulejar el Salón de Linajes del palacio del Infantado, en Guadalajara. El contrato fue suscrito por su suegro, Antonio Díaz, quien se obligó con su persona y bienes.
Todo parece indicar que el duque quedó impresionado al conocer la obra de Hernando de Loaysa para el banquero Fabio Nelly en Valladolid, lo que explicaría este nuevo encargo para una de las estancias más representativas de su palacio.
En la actualidad solo se conservan algunos restos de las ricas azulejerías que cubrían las paredes del Palacio del Infantado. La decoración cerámica resultó muy dañada durante la guerra civil. Los azulejos fueron retirados prácticamente en su totalidad durante la reconstrucción del edificio en los años 60 y 70, casi destruido por el bombardeo del 6 de diciembre de 1936.
El arrimadero conservado mide 150 centímetros de altura por 315 de anchura y está formado por 210 azulejos. El cuadro central sigue la técnica italiana conocida como “berretino” consistente en dibujar las figuras en color azul oscuro sobre un fondo azul claro, dando las luces con toques de color blanco.
En 1586, Hernando de Loaysa firmó un contrato para decorar con azulejos el palacio del banquero Fabio Nelli (1533-1xxx), en Valladolid. El edificio, obra del arquitecto Pedro de Mazuecos el Mozo, constituye uno de los mejores ejemplos de la arquitectura civil clasicista de la ciudad.
Quien negoció el contrato no fue el propio banquero, sino su hermano, el canónigo Claudio Nelli, que encargó a Loaysa la decoración de dos salas del palacio. En el contrato se cita a Hernando de Loaysa como “maestro de hacer azulejos”, acordándose que el precio sería el mismo que había percibido por la obra del colegio de San Gabriel (hoy desaparecido), “los quales dichos azulejos el dicho Hernando de Loaisa a de dar bien labrados y muy bien cocidos y de muy buenas colores bibas”. La ejecución de esta obra le llevó tan solo un mes, lo que resulta sorprendente.
Una vez fallecido el banquero, el palacio tuvo varios usos, desde residencia para miembros del clero a alquiler para viviendas. Incluso, en la Guerra de la Independencia fue utilizado como almacén por las tropas francesas. El paso del tiempo y las sucesivas remodelaciones terminaron afectando gravemente a la decoración de azulejos.
En 1947, Esteban García Chico escribió: “Del Palacio de Fabio Nelli han sido trasladados al Museo Arqueológico, donde lucen la rica decoración en tonos azules y amarillos con sus medallones de escenas mitológicas, tan característicos en la obra del gran azulejero”. Hoy día es el Museo de Valladolid.
Los especialistas entienden que
estos medallones circulares polícromos, tanto de personajes como de paisajes, son la exaltación de valores como la virtud y el honor frente a los vicios y las
malas costumbres.
Turno ahora de la mayor exposición de la obra de Hernando de Loaysa, que se encuentra en Portugal.
La obra de Hernando de Loaysa en el Palacio Ducal de Vila Viçosa está fechada hacia 1603 y representa la culminación artística del maestro talaverano. En su ejecución, pudo haber contado con la colaboración de su yerno, el también ceramista Juan Fernández de Oropesa.
Fundado en 1472, el convento de Santa Isabel de Hungría conserva una iglesia levantada durante el siglo XVI. En su interior, en la capilla de San Francisco, se conserva otro interesante conjunto de azulejos atribuido a Hernando de Loaysa.
La obra está datada entre
1585 y 1600 y representa diversas figuras de santos, lo que muestra su capacidad para desenvolverse también en la decoración religiosa.
Ya para finalizar, tal como se comentó al principio, toca el turno de dar luz a una obra realizada por Juan Ruiz de Luna en honor a Hernando de Loaysa.
Y también, el doctor Henche incorporó en su catálogo un cuadro de azulejos con óvalo
dorado central, recordando la labor de Loaysa, pero no se ha encontrado ninguna
obra ejecutada.
OTRAS OBRAS DE HERNANDO DE LOAYSA.
Antes de 1580, colegio de Santa Cruz. Hoy universidad.
En 1580 su actividad es numerosa.
o
Antigua iglesia colegial de Santa María de
Valladolid.
o Azulejos de la capilla de la Anunciación, en la iglesia del monasterio jerónimo de N.S. de Prado (Valladolid). La obra se ejecuta en Talavera. La obra debería cubrir el altar, la fachada y la pared, hasta una altura de una vara. Al precio de 15 maravedís la pieza, hay azulejos de lagartillo y de ventanillas. Hoy es la sede de Cultura de la Junta.
Entre 1583 y 1586 tuvo varios encargos del obispo Álvaro de Mendoza (obispo de Palencia) para decorar frontales, peanas y gradas de iglesias. Se debe a que Valladolid fue la capital del reino, contando con un desarrollo urbanístico que necesitó contar con la decoración de los nuevos palacios y edificios religiosos. Se han identificado las obras siguientes:
- N.S.
de la Asunción de Tudela de Duero.
- S.M.
de la Overuela.
- San
Pedro de Langayo.
- Santiago
de Fuentes de Duero.
- San
Justo de Manzanillo.
- San
Esteban de Amusquillo de Esgueva.
- Sacristía del Monasterio de la Trinidad, 1587
En
1586 realizó decoraciones en las siguientes estancias:
· - Colegio de San Gabriel de Padres Agustinos,
en Valladolid.
· - El obispo de Palencia, Álvaro de Mendoza,
firma un contrato para azulejar el frontal, con su peana y testeros, del altar
mayor de la iglesia de San Pedro en Itero de la Vega (Palencia). Hoy día no hay
restos de esta obra en esa iglesia. Hay muchas iglesias mas con florones a
imitación de los realizados por Juan Fernández para el Monasterio de El
Escorial hacia 1570.
· - Composiciones figuradas, como la que aún se
conserva en la iglesia de Fuentes de Duero (La Cistérniga).
· - Firmó un contrato para azulejar la iglesia
de Nuestra Señora de Arconada (Arconada, Palencia). En la actualidad no hay
vestigios de la obra.
· - Otra obra para azulejar un frontal y
paredes de azulejos para la iglesia de San Justo de Manzanillo (Valladolid).
En 1602, Hernando de Loaysa y su yerno, Juan Fernández de Oropesa, realizaron la obra de azulejería en la capilla de la casa de campo del banquero Fabio Nelli, que se encuentra en la finca Vega de Porras, en el pueblo de Boecillo (Valladolid).
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