Tomasa Ocaña, pintora de la Casa Henche
Hará unos veinte años que pasé a visitar a mi tía Victorina, hija del doctor Henche. Me había llamado por teléfono para decirme que tenía una fotografía que me iba a gustar. Mientras buscaba entre sus recuerdos, encontró una imagen que había olvidado: una instantánea tomada por su padre en el taller, en la que aparecían sus pintoras en plena faena.
Todavía
no hemos podido identificar a todas las pintoras que aparecen en la fotografía.
De izquierda a derecha, la primera es Tomasa Ocaña y la tercera, Victorina. De
las otras dos pintoras conocemos muy poco: sabemos que una de ellas se llamaba
Aurelia, “la rubia”, pero aún no hemos podido identificarla ni averiguar sus
apellidos, tampoco la identidad de la cuarta pintora.
En
un artículo anterior ya hablamos de la relación del Colegio Compañía de María
con la cerámica talaverana. Desde mediados del siglo XIX y hasta la fundación
del colegio, en 1900, el ceramista Agustín Niveiro Page mantuvo en este mismo
edificio una conocida fábrica de tinajas, un edificio que siglos atrás fue el
convento de dominicos de San Ginés.
Entre
las alumnas del colegio estuvo Tomasa Ocaña Romero, natural de Talavera de la
Reina, donde nació en noviembre de 1902. Era la mayor de seis hermanos y
huérfana de padre desde los once. Sus hermanos se llamaban Patricio, Pedro,
Juan, Amparo y Manuel, según consta en los censos electorales de 1932, 1934 y
1951.
La
familia vivía en el número 3 de la Calle Mula, muy cerca del colegio. Según recuerdan
sus familiares, Tomasa sentía un gran cariño por la institución y una profunda
devoción por la Niña María. Cuatro generaciones de esta familia han pasado por
las aulas del colegio desde su fundación.
Una
fotografía tomada en el domicilio familiar el día del cumpleaños de la madre
nos permite conocer a todos sus componentes. En el centro aparece la madre, junto
a sus hijas Amparo y Tomasa, situada esta última a su izquierda. Las dos niñas
son Carmen Ocaña García, a la izquierda, y Amparo Ocaña García, a la derecha, sobrinas
de Tomasa y ambas vestidas con el uniforme del colegio. Gracias a los recuerdos
y la colaboración de Carmen se ha podido realizar este homenaje a Tomasa Ocaña.
Detrás,
de pie, están los hermanos Patricio, Pedro y Juanito Ocaña; en el suelo aparece
el hermano menor, Manuel.
Tomasa
permaneció soltera, al igual que sus hermanos Juan y Patricio. Los tres
siguieron viviendo en aquella misma casa.
En
algún momento, Tomasa inició su formación como pintora, bien en el colegio,
bien en alguna de las escuelas de arte promovidas en Talavera al calor del
renacimiento cerámico iniciado en 1908.
Un
ejemplo fue la escuela de dibujo que en 1909 creó el alcalde Bernardo González
Cuadrillero, que en aquel año ya contaba con setenta alumnos. Entre sus profesores
se encontraban Enrique Guijo y Juan Ruiz de Luna.
Ese
mismo año, el crítico de arte Francisco Alcántara, futuro director de la
Escuela de Cerámica de Madrid, visitó Talavera para describir el funcionamiento
de esta escuela y el ambiente artístico que se respiraba en la ciudad durante
aquellos primeros años del revival
cerámico.
Desde
1897 Talavera contaba con una escuela de Artes y Oficios, que tenía una sala
para las clases de dibujo y pintura, regentado por Ricardo Mateos. Y en el año
1916 apareció la Sociedad Recreativo-Cultural “El Bloque”.
El primer destino del doctor Henche como médico titular fue La
Pueblanueva, donde ejerció entre 1910 y 1914. Sin embargo, ya desde 1912
contaba con un consultorio privado en Talavera de la Reina. Tal fue su fama,
que en 1915 se trasladó definitivamente a la ciudad y estableció su residencia en
el número 14 de la Calle del Sol, en el mismo edificio que hoy alberga la oficina
de la Agencia Tributaria.
El doctor pasaba consulta en la planta baja, mientras que su
familia vivía en el primer piso y la segunda planta se reservaba para el taller
de la Casa Henche. Fue allí donde tomó la fotografía con las pintoras
trabajando.
Hasta
hace poco no teníamos una fecha tan temprana para documentar la actividad
cerámica del doctor. Hoy sabemos que, al menos desde 1918, ya tenía en marcha
su alfar. Este dato apareció gracias a una jarra firmada que un vecino aportó a
la exposición organizada en 2025-2026 por la Asociación de Amigos del Museo de
Cerámica Ruiz de Luna. La muestra, promovida a iniciativa de Josué López Muñoz,
conmemoraba el centenario de la sociedad Henche-Montemayor, formada por el
doctor Henche y el ceramista Julián Montemayor Carreño.
No
sabemos exactamente cuándo comenzó Tomasa a trabajar en el taller del doctor,
aunque, según los recuerdos de Victorina, ya lo hacía antes de 1925. Ese año,
la Casa Henche participó en dos importantes muestras. Una tuvo lugar en el
Palacio de Hielo de Madrid, donde la reina Victoria Eugenia adquirió unos
abanicos de seda pintada. La otra se celebró en Toledo, donde el duque de Alba
encargó un repostero para su palco del Teatro Español. Según los relatos de mi
tía Victorina, Tomasa participó en la realización de estas obras.
El
artista Fernando Broncano Márquez (1895-1934) fue un destacado pintor que
comenzó su formación y su trayectoria profesional en el alfar de Nuestra Señora
del Prado. Más adelante pasó al nuevo taller del doctor Henche, al recibir una
oferta económica más ventajosa.
Junto
al doctor Henche, Broncano se especializó en plasmar el estilo Talavera a la
pintura sobre seda, una de las señas de identidad de la Casa Henche. En el
taller se realizaban abanicos, caminos de mesa, cortinones, cojines y otras
piezas decorativas. Es fácil imaginar a las pintoras trabajando allí junto a
Broncano, compartiendo un mismo espacio dedicado a esta especialidad artística.
En
los años treinta, Fernando Broncano tenía una academia particular en la que
enseñaba estas técnicas a señoritas. La oferta de formación artística en aquella
Talavera del revival cerámico fue
amplia. En este ambiente se formaron y trabajaron muchas artistas como Tomasa
Ocaña.
El
párroco Saturnino Ortega Montealegre (1866-1936) fue una figura destacada en la
Talavera del primer tercio del siglo XX. Nacido en Brihuega (Guadalajara), fue
ordenado sacerdote en Toledo en 1892. Después de ejercer como párroco en varias
iglesias, en 1912 fue nombrado párroco de la Colegial de Santa María la Mayor y,
en ese mismo año, arcipreste de Talavera.
Desarrolló
una importante labor social, promoviendo iniciativas destinadas a mejorar las
condiciones de vida de los más necesitados. Fue patrono de la fundación Joaquina
Santander y de la Fundación Aguirre.
Tomasa Ocaña formó parte del Sindicato de la Aguja, una organización de ámbito nacional que don Saturnino impulsó en Talavera. De carácter social y católico, el sindicato ofrecía formación profesional en corte y confección a las mujeres trabajadoras del sector textil y de la costura.
Saturnino
Ortega Montealegre fue beatificado el 28 de octubre de 2007. Sus restos se
veneran en la iglesia de San Francisco, en Talavera de la Reina.
El 6 de enero de 1916, don Saturnino Ortega, junto con el párroco de la iglesia de Santiago, fundó los Jueves Eucarísticos en la Colegial de Santa María la Mayor.
Los asociados se organizaban en grupos de doce personas, llamados coros, en memoria de los doce apóstoles que acompañaron a Jesús en la última cena. Esta devoción eucarística recordaba cada jueves el día en que se instituyó la eucaristía.
La familia del doctor Henche participó activamente en los actos celebrados en 1928. La Casa Henche elaboró seis tapices que se colocaron en los balcones de su vivienda de la calle Sol, y los hijos del doctor tomaron parte en la procesión de los Jueves Eucarísticos, siendo Victorina la abanderada.
Gracias a la familia de Tomasa Ocaña podemos mostrar esta fotografía en la que aparece la pintora trabajando en un cuadro de grandes dimensiones. Representa la medalla que llevaban los asociados a los Jueves Eucarísticos. La familia estima que la fotografía se tomó en 1928 y, según los recuerdos de mi tía Victorina sobre esta celebración, todo apunta a que el encargo procediera del propio doctor Henche.
La medalla tenía en el anverso un relieve de La última cena acompañado de la palabra “conmemoración”. En el reverso aparecía una custodia, junto al año de fundación “1916 Jueves Eucarístico” y la palabra “reparación”.
En aquella celebración también tuvieron protagonismo los niños tarsicios, la sección infantil de la Adoración Nocturna, cuyo nombre homenajeaba al mártir de la eucaristía. Los niños podían ingresar a los ocho años, antes de recibir la primera comunión, y permanecer en la sección hasta los dieciocho, edad en la que pasaban a la sección adulta. Contaban con su propia bandera, que llevaba la imagen del santo.
Durante la procesión de 1928, Pepe, hijo del doctor Henche, llevó el estandarte de los niños tarsicios, también elaborado por la Casa Henche. Esta bandera se conservó durante años en la Colegial.
Mientras las pintoras de la Casa Henche realizaban
representaciones de la Virgen del Prado en azulejos, el doctor Henche disfrutaba
ejecutando esta obra sobre uralita, imitando azulejos. En ambos casos, era
habitual incluir
la frase del canto litúrgico “Tota Pulchra est María”.
Tomasa
también quiso tener su propia representación de la patrona de Talavera. Durante
su etapa como pintora, realizó sobre papel un cuadro de la Virgen del Prado que
conservó en su casa y dejó en herencia a su sobrina Carmen. Es posible que las pintoras
talaveranas compartieran esta costumbre, pues sus compañeras hicieron lo mismo.
El
cuadro de Tomasa es bellísimo. Se trata de una obra de gran tamaño, 74cm por 103cm,
que la familia conserva con mucho cariño. En él reconocemos la composición característica
de la Casa Henche.
En
la parte inferior izquierda aparece la inscripción “Ntra. Sra. del Prado de
Talavera. Año 1751”, acompañada de la firma de su autora.
Una vez
que el doctor Henche cesó su actividad en Talavera en 1936, Tomasa Ocaña
trabajó durante un breve periodo como pintora en el alfar de Ruiz de Luna, para después trabajar como
empleada del hogar. Conservó
en su casa varias obras de seda pintada, recuerdos de su paso como
pintora de la Casa Henche.
La
relación de esta familia con la cerámica se afianzó aún más cuando la hermana
de Tomasa se casó con el pintor Indalecio Muñoz, que trabajó con Ruiz de Luna. Igual
que el doctor Henche experimentó pintando sobre uralita, Indalecio probó la
pintura sobre otros materiales, como esta cabeza de guerrero pintada sobre la cara
posterior de un cristal, una técnica que enseñaba Fernando Broncano.
Tomasa
falleció el 3 de agosto de 1988 a los 86 años de edad. Su familia la recuerda
como una persona maravillosa.
A lo
largo de este recorrido hemos recuperado algunos momentos de la vida de una de
las pintoras de la Casa Henche. Gracias a los recuerdos de su familia hemos
conocido un poco mejor a una de aquellas mujeres que contribuyeron a la
historia de la cerámica talaverana.
Todavía quedan por conocer a las otras dos artistas que acompañan a Tomasa y a Victorina en la fotografía. Quizás algún día aparezcan noticias que permitan conocer quiénes fueron.
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